121.- No son santos, si no humanos.

El Estado comete un grave error al santificar a la clase política. El Regulador presupone de forma ingenua (o malévola…)  que nuestros dirigentes deben ser perfectos, que no tienen pecado original alguno y que sus almas están ungidas por la mano de Dios… El problema es que estos seres  humanoides no existen, tan solo son un deseo infantil del contribuyente o la perversidad del Regulador de apunta alto, para aligerar el contrapeso del Sistema y de esta forma, facilitar la vida cuotidiana del ciudadano que ha tenido el privilegio de entrar a formar parte del club de los elegidos.

121.- NO SON SANTOS, SI NO HUMANOS

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